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Bajoalto: tras cada elefante blanco hay una historia oculta de despojo

Publicado el Viernes, 10 Noviembre 2017

Altobajo petroleo

 

Manuel Bayón

 

Bajoalto es una comuna de la costa, en Machala, Provincia de El Oro, cuya forma ancentral de vida era la pesca y el aprovechamiento del manglar. Con 2400 hectáreas de extensión originaria, las camaroneras fueron amputando el territorio comunal de Bajoalto. Si no hubiese sido por la acción de sus dirigentes recuperando tierras, por lo que fueron perseguidos y encarcelados, probablemente hoy no existiría esta comuna.

 

 

En los años 90 del S.XX acontecen dos importantes hitos en la comuna. Por un lado, el acuerdo de paz con Perú permite darse un asentamiento permanente mediante la donación de viviendas por parte del ejército. Por otro lado, comienza la actividad gasífera de la compañía estadounidense Machala Power. La llegada de la explotación de gas genera quejas por la contaminación, ya que la plataforma marítima provocó una disminución de la pesca en sus inmediaciones, así como el lavado de los tanques de almacenamiento provocaba ráfagas de contaminación de los esteros en los que vive la comunidad de Bajoalto. Para disminuir la conflictividad social, Machala Power realizaba obras de compensación social como caminos en torno al estero o pequeños centros de salud.

 

Este escenario cambia con la llegada de la Revolución Ciudadana, el gas se nacionaliza y comienzan a llegar megaobras. La compensación social reúne un gran gasto del Estado, lo que en Bajoalto se conoce como el “baile de millones”. Se realiza una obra de potabilización de agua por un millón de dólares, la Ciudad del Milenio por 7 millones firmadas por Ecuador Estratégico. A ello hay que añadir varios millones más por la Escuela del Milenio, un malecón en la playa, un centro de procesado de cangrejo o asfaltado de distintas calles del centro poblado. Jorge Glas fue la persona clave del gobierno en toda esa regeneración de Bajoalto, primero como ministro y después como vicepresidente.

 

Bajoalto casas

 

Cuando hablamos con uno de los líderes de la comuna que nos dio un paseo por la Ciudad del Milenio, lo primero que nos dijo fue que “parecía que Dios al fin nos venía a ver”. Sin embargo, a los pocos minutos de conversación conocemos el lado oculto de esta Ciudad del Milenio. Aun siendo menos distópica que las Ciudades del Milenio de Pañacocha y Playas de Cuyabeno en la Amazonía, con una ocupación de las casas sin duda mayor y unos estándares constructivos mejores, hay toda una historia de desposesión asociada a toda esta inversión.

 

Sólo se entregaron casas a 77 de las 99 familias, por lo que Ecuador Estratégico pudo poner condiciones a las familias a quienes se otorgaron viviendas. Las familias tenían que abandonar sus casas junto al estero y la vía, donde estaban sus negocios. El motivo alegado por el Estado era que las casas estaban bajo condición de riesgo, pero las familias solicitaban que en lugar de generar un gasto por casa de casi 90.000 dólares, que se les arreglara su casa in situ por un coste mucho menor y sin ser relocalizados. Sin embargo, la política era la de generar una Ciudad del Milenio, y sin consulta previa de ningún tipo, se impuso el proyecto. La empresa constructora amenazaba a quienes no querían aceptar la imposición que la casa sería dada a otra familia.

 

Como en las Ciudades del Milenio de la Amazonía, hay un desastre en la inversión. Pese al millón de dólares invertido en la potabilización de agua, numerosas familias siguen sin agua potable, y es visible el conglomerado de mangueras que la comuna ha instalado. El tema más urgente es que todas las casas tengan agua potable. Las vías se están levantando. Las dotaciones del centro de salud se han dañado por inundaciones dado que está construido bajo el nivel de los esteros. La nueva Escuela del Milenio construida fuera del núcleo poblado tiene fallas estructurales al estar construida sobre un terreno mal asentado, y los moradores relatan cómo con el terremoto del 16 de abril se abrieron grietas. Cuando llueve, la escuela se inunda. El malecón de la playa es una de tantas infraestructuras que están como deslocalizadas, da la impresión de que se colocó el cemento donde se pudo para cumplir como contratista sin pensar en la población o los turistas que iban a utilizarlo.

 

También la inauguración en febrero de 2015 remite a escenas similares a la apertura de otras megaobras: llegada del Vicepresidente Glas con toda su comitiva, intento de protestas y reclamos por parte de la comunidad compensada, actuación de la protección vicepresidencial, palabras de desprecio hacia la comunidad. Las mujeres de Bajoalto relataban cómo les decía Glas que si no hay pesca por la contaminación de la extracción de gas él no podía poner a engordar los peces. Más indignación aún provoca el recuerdo de que ante las quejas durante la inauguración sobre las falencias de agua potable, el vicepresidente les arrojaba que antes no tenían nada y al menos ahora les habían dado algo.

 

AltoBajoletrero

 

En noviembre de 2015 la comuna organizada comenzó a denunciar que las promesas no se estaban cumpliendo, y que pese a la inversión desplegada las obras no estaban resultando. El asesinato por parte de sicarios de un familiar de uno de los dirigentes de la comuna se interpretó como un aviso, una llamada al silencio que dura hasta ahora.

 

En cada megaobra, en cada Ciudad del Milenio, con sus distintas historias, se encuentran fuertes paralelismos. Por un lado, una deuda social histórica previa de parte de la sociedad y el Estado ecuatoriano con las comunidades. Por otro, una inversión sin precedentes que ofrece derechos y al fin saldar parte de esa deuda. Sin embargo, se trata de una fachada de derechos que no se concretan, que no terminan de llegar, que generan nuevos despojos y una frustración al ver que la inversión se hace pensando más en los contratistas que en el bienestar de las comunidades. Por último, cuando se trata de reclamar los derechos incumplidos, el Estado niega, desaparece o reprime. Pero el gas, el petróleo o el metal nunca para de fluir.

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