|
REFLEXIÓN DEL MES
CIENCIA
Y TECNOLOGIA EN LA SALUD DE CARA A LA NUEVA CONSTITUCIÓN
UNA
VISIÓN DESDE UN PAÍS MEGADIVERSO
Elizabeth Bravo
Instituto de Estudios Ecologistas
Para nadie es
desconocido que el desarrollo tecnológico del siglo XX ha
generado una serie de problemas a la sociedad y al ambiente,
como nunca se ha visto antes en la historia de la humanidad.
Se han desarrollado sofisticados métodos para extraer recursos
no renovables de lugares que antes no era posible, como son
los mares profundos, se ha manipulado la integralidad genética
de los seres vivos, y se ha llegado hasta a transformar la
conformación de las moléculas; todo esto para servir al
capital.
Los impactos
que han generado estas nuevas tecnologías, quieren ser
resueltos con más tecnologías, creándose un círculo vicioso
IMPACTOS –
TECNOLOGIAS – GANANCIAS DE LAS EMPRESAS – IMPACTOS….
A nosotros,
un país con poco desarrollo tecnológico occidental, se nos
quiere convencer que es posible explotar minerales o petróleo
de lugares de tan alta fragilidad ecológica como la cordillera
de El Cóndor o el parque Nacional Yasuní, usando tecnologías
de punta. Sabemos que esto no es verdad. En el mismo Yasuní,
una de las empresas que ha dicho siempre que opera aplicando
las mejores tecnologías fue responsable de un derrame de 2.500
barriles de fluidos contaminantes que fue detectado a los 10
días de iniciado, y esto solo porque un indígena de la zona
vio una mancha negra que avanzaba por uno de los ríos de esta
zona protegida. La tecnología de punta no funcionó.
En todo caso,
aun si estas tecnologías funcionaran, nosotros (ni las
poblaciones ni el Estado) no las controlamos, son tecnologías
sobre las que pesan derechos de propiedad intelectual, y son
manejadas por las empresas.
El enfoque de
querer resolver los problemas ambientales y de la salud que
genera el modelo extractivo a través de la tecnología no
aborda las causas estructurales que los genera. Este es un
tema que debe considerarse de cara a la Asamblea Nacional
Constituyente, ahora que se discute el modelo extractivista.
Hay otro
aspecto al que yo quisiera referirme, y es la problemática de
la ciencia y tecnología desde la perspectiva de un país
megadiverso, tanto biológica como culturalmente, y con poco
desarrollo tecnológico desde el punto de vista occidental.
En las
últimas décadas del siglo XX ha cobrado mucha importancia el
desarrollo de la biotecnología. Su materia prima es la
biodiversidad, y gran cantidad de esa biodiversidad se
encuentra en países que no se han desarrollado una ciencia y
tecnología occidental importante.
Estos países
a más de tener mucha biodiversidad, tienen un fino desarrollo
de esas ciencias y tecnologías que ha permitido que las
poblaciones humanas puedan sobrevivir. Los más importantes
inventos que ha dado la humanidad, no son las computadoras, la
ingeniería genética o los viajes espaciales. Estas
tecnologías, a más de ser altamente riesgosas para la salud y
el ambiente, son tecnologías que entran en desuso en poco
tiempo.
Entre los más
importantes inventos se incluye por ejemplo la agricultura.
En lo que hoy se llama Ecuador hubieron dos centros de origen
de la agricultura: el centro andino que tiene como especie
paradigmática la papa y el centro amazónico que tiene como
cultivo paradigmático la yuca. En el Ecuador se desarrolló
también la primera cultura agrícola y alfarera de América del
Sur, conocida hoy como Cultura Valdivia.
Estos pueblos
que desarrollaron la agricultura, han continuado creando y
recreando biodiversidad a lo largo del tiempo, tanto agrícola
como silvestre. El antropólogo francés Descola, en su estudio
sobre la nacionalidad Achuar, habla de una Selva Culta,
una selva que tienen un tipo de manejo antropogénico, que
privilegió un tipo de biodiversidad para satisfacer sus
necesidades, manteniendo las funciones y estructura del
bosque.
Hoy esa
biodiversidad es apetecida por las llamadas industrias de la
vidas, y accede a ella a través de la bioprospección.
La
bioprospección no es nueva en nuestro país. De hecho el primer
viaje de Colón a este continente tenía como finalidad
encontrar especerías. Y el viaje de Gonzalo Pizarro hacia el
Amazonas fue planificado para encontrar el llamado País de
la Canela.
Pero la
bioprosprección cobra mayor importancia cuando la industria
descubre que la biodiversidad acompañada por conocimientos
tradicionales tiene más valor, porque facilita el proceso de
descubrimiento de nuevos principios activos o aplicaciones de
la biodiversidad. De los 120 componentes derivados de material
vegetal que tienen uso médico reconocido, 90 provienen de
plantas que están ligadas a conocimiento tradicional.
En este
escenario, muchos científicos de países como el Ecuador, se
convierten en generadores de materia prima para la
investigación.
Empresas,
universidades y centros de investigación al servicio de las
empresas, contratan a científicos y centros de investigación
de los países megadiversos para que les ayuden a identificar
plantas con nuevos principios activos.
Los objetivos
de esas investigaciones están basada en las necesidades
impuestas por sus industrias, no en las del país que está
aportando con la biodiversidad.
En nuestros
países se llevan a cabo las primeras fases de la
investigación. Un fase que sirve como simple selección de los
organismos vivos que tienen potencial para la obtención de
principios activos de interés para la industria.
El científico
ecuatoriano, lo único que hace es recoger muestras biológicas
y hacer un screening preliminar para evaluar aquellas
plantas que podrían tener algún grado de actividad biológica.
Los centros
de investigación que hacen uso de nuestra biodiversidad,
poseen tecnologías para investigar nuevos compuestos para la
cura enfermedades que tiene gran incidencia en el Ecuador como
es la malaria o el dengue, pero esta tecnología no está
disponible para nosotros, al menos no, sin el pago de derechos
de propiedad intelectual.
Otra práctica
es la presencia de estaciones científicas de campo, donde
llevan a cabo investigaciones estudiantes y científicos
extranjeros para investigar nuestra biodiversidad con fines
comerciales.
Preparando
esta presentación estaba tratando de buscar información sobre
una vieja experiencia de bioprospección, y me encontré con una
noticia con fecha 3 de febrero del 2008, donde se informa que
terminó exitosamente el primer entrenamiento en el Ecuador de
una metodología llamada “preservando y evaluando la
biodiversidad a través de la tecnología evaluación en la
naturaleza” (“Preserving and Evaluation Biodiversity through
Screens-to- Nature Technology”).
Este
entrenamiento, que tuvo lugar en una reserva biológica
privada, estuvo enmarcado dentro de un programa llamado GIBEX,
Global Institute for BioExploration (Instituto Global para la
BioExploración).
GIBEX es una
alianza entre la Universidad de Illinois y la Universidad de
Rutgers. Ambas universidades tiene una larga historia de hacer
bioprospección en todo el mundo. GIBEX trabaja en el
descubrimiento de nuevas drogas, fármacos botánicos,
ingredientes de alimentos, nutraceúticos, cosméticos y
químicos para la industria de enzimas y para la protección de
cultivos.
Son socios
corporativos del Instituto compañías involucradas en la salud
global. Su objetivo es desarrollar nuevos productos, abrir
nuevos mercados y mejorar la imagen corporativa de sus socios.
Con el dinero que pagan los socios corporativos, desarrollan
infraestructura para investigación y desarrollo de nuevos
productos en base a la biodiversidad de países como el
Ecuador, y promover su conservación.
Entre sus
objetivos está trabajar con los gobiernos locales e
instituciones para proteger la propiedad intelectual y cumplir
sus obligaciones en el Convenio de Biodiversidad y los
tratados de propiedad intelectual de la OMC.
Su presidente
es Ilya Raskin, profesor de la Universidad de Rutgers, y jefe
y fundador de la empresa Phytomedics, que tiene un
acuerdo con la Universidad de Rutgers.
Phythomedics
fue fundada por un consorcio de inversionistas internacionales
que están en las ciencias de la vida de Suiza, Estados Unidos,
Israel y América del Sur. La empresa han hecho bioprospección
en varios países del mundo. Los análisis químicos para evaluar
la presencia de principios activos, los hacen con la
Universidad de Illinois.
Otra actividad
de Phythomedics es la agricultura biomédica, actividad
que la hacen con la Universidad de Rutgers. Establecen
plantaciones a gran escala para la producción de fármacos
botánicos y trabajan en técnicas de enzimas recombinantes y
amplificación de genes para incrementar la cantidad de
nutraceúticos y farmacéuticos vegetales en sus productos.
Hay muchas
observaciones de carácter ético, ambiental, de impactos a la
salud y legal que podría decirse sobre el GIBEX, y de sus
actividades en el Ecuador, (que no se limitarán a la reserva
privada en el Chocó Andino, sino también en el Parque Yasuní y
Galápagos), pero quisiera centrarme en este momento sólo en
el hecho que este Instituto está creando la ilusión que está
ayudando a desarrollar capacidades en el Ecuador, a
través del entrenamiento que les dan en el campo a estudiantes
ecuatorianos.
A pesar de la
amplia gama de temas en los que está involucrado este
instituto (entre las que se encuentran el desarrollo de
fármacos para el dengue y la malaria), los estudiantes
ecuatorianos que participaron en el curso de enero, solo
aprendieron las técnicas más rudimentarias de screening.
Afortunadamente, porque si se logra establecer una relación
entre GIMEX y Phythomedics, ellos estarían produciendo
los transgénicos más peligrosos que hay al momento, como son
los llamados cultivos farmacéuticos.
Pero, este es
un ejemplo que nos revela como no sólo nos convertimos en
países proveedores de materia prima para las transnacionales
de la vida, sino también de materia prima para la
investigación. Lamentablemente los investigadores ecuatorianos
que participan es este tipo de proyectos, los defienden y
creen que verdaderamente están construyendo una base sólida
para el desarrollo científico del país.
CUAL ES LA
PROPUESTA
El Ecuador
milenariamente ha sido muy rico en el desarrollo de ciencia y
tecnología, la misma que se está perdiendo, principalmente
porque es desconocida o subestimada por quienes desarrollan
las políticas de ciencia y tecnología en el país.
Varios centros
de investigación quieren competir, en condiciones totalmente
desiguales con las corrientes investigativas generadas en los
llamados países industrializados.
Esto nos
obliga a ser totalmente dependientes de instrumental
importado, de insumos importados, y hasta a pagar patentes. Es
decir que los pocos fondos que podrían destinarse para la
investigación, en realidad salen al extranjero. Y en muchos
casos, estas tecnologías pueden producir impactos negativos al
ambiente y la salud humana.
Como se ha
demostrado antes, muchas de estas investigaciones estarían
además al servicio de las necesidades de la industria
farmacéutica internacional, y de otras que usan biodiversidad
mientras en el Ecuador enfrentamos problemas muy graves,
ambientales, de salud pública y otros.
Aquí la gente
se muere de malaria cada invierno, aunque fue en el Ecuador
donde se descubrió (para la ciencia occidental) la cinchona o
quinina, y fueron las plantas que salieron del Ecuador las que
salvaron millones de vidas en la II Guerra Mundial, lo que
significó la desaparición de la especie en varias zonas del
Ecuador.
Ahora, que
estamos trabajando en una nueva constitución en la que
queremos repensar nuestro país, nuestra más preciada riqueza,
que es la biodiversidad debe ser un eje central. Debemos mirar
al futuro, pero sin olvidar lo mejor de nuestro pasado, lo
mejor de nuestra historia, que ha pasado desapercibido, pero
que ha sido la base de la sobrevivencia del pueblo ecuatoriano
hasta nuestros días.
Las políticas
de ciencia y tecnología, lejos de copiar modelos foráneos, que
nos van a convertir en esclavos de tecnologías que no podemos
controlar, que nos obligan a pagar patentes, debe basarse en
potenciar lo que es nuestro, y para resolver nuestros
problemas.
Mi llamado
sería que pensemos en cómo potenciar una ciencia y una
tecnología que obedezca a las necesidades de salud,
agronómicas, energéticas, etc. en base a las riquezas que
existen en la diversidad biológica y cultural del Ecuador.
Y así
tendremos una ciencia soberana y ambientalmente respetuosa.
volver
|